15/05/2017
En el corazón de México, un fenómeno criminal ha crecido de manera exponencial, transformándose de un simple acto de robo en una industria ilegal compleja y diversificada: el huachicol. Lo que comenzó hace décadas como la sustracción clandestina de combustible, hoy rivaliza en magnitud y lucratividad con el narcotráfico, captando la atención tanto de líderes nacionales como internacionales. Este flagelo, que afecta la economía, la seguridad y la soberanía del país, es mucho más que la simple 'ordeña' de ductos; es un entramado de corrupción, contrabando y lavado de dinero con profundas raíces históricas y consecuencias devastadoras.

¿Qué es el Huachicol y Cuál es su Origen?
El término 'huachicol' es un vocablo arraigado en el lenguaje popular mexicano que ha evolucionado a lo largo del tiempo para describir una actividad ilícita específica. Aunque hoy se asocia principalmente con el robo y la venta ilegal de combustible, su origen es más amplio y controversial. Una de las teorías más aceptadas sugiere que proviene del maya 'huach' o 'waach', que significa 'forastero' o 'ladrón'. A esta raíz se le habría añadido el sufijo 'col' para denotar una actividad ilegal, consolidando así el término. Otra teoría menos difundida lo vincula al latín 'aquati', que significa 'aguado', haciendo referencia a la adulteración de líquidos.
Históricamente, a principios del siglo XX, el 'huachicol' se utilizaba para referirse a la adulteración de bebidas alcohólicas, especialmente el licor. Era común encontrar la venta de 'huachicol' como una bebida barata y de baja calidad, a menudo mezclada con alcohol de caña. Esta práctica, que ponía en riesgo la salud del consumidor, sentó un precedente para el uso del término en el contexto de la adulteración y el fraude.
La transición del término al ámbito de los combustibles se dio de forma natural, ya que la práctica de 'aguadar' o adulterar la gasolina con otras sustancias para aumentar su volumen y ganancia es similar al proceso en las bebidas alcohólicas. Así, lo que empezó como un acto de engaño en el mercado de licores, encontró un nuevo y más lucrativo nicho en el sector energético, convirtiéndose en el nombre de un delito que hoy es sinónimo de una profunda crisis nacional.
De la Ordeña Clandestina a una Red Criminal Diversificada
El robo de combustible no es un fenómeno nuevo en México; sus raíces se extienden por más de un siglo. Sin embargo, la versión contemporánea del huachicol, tal como la conocemos, emergió de las propias entrañas de Petróleos Mexicanos (Pemex), la empresa petrolera estatal fundada en 1938. Inicialmente, fueron los mismos empleados de Pemex quienes comenzaron a sustraer combustible. Para ocultar la 'ordeña' y evitar que se notara la falta de producto, mezclaban el combustible robado con otras sustancias, dando origen a la práctica de la adulteración.
El método principal de robo siempre ha sido la perforación de ductos mediante tomas clandestinas. Estas tomas varían desde instalaciones precarias hasta sistemas altamente sofisticados que permiten la extracción a gran escala. Pemex estima que anualmente se abren un promedio de 10,000 tomas clandestinas, y se calcula que hay cerca de 22,000 tomas activas en todo el país, una cifra alarmante que casi duplica el número de estaciones formales de gasolina. Durante años, este problema fue ignorado o minimizado por los gobiernos, permitiendo que creciera sin control y se arraigara profundamente en diversas regiones.
El verdadero punto de inflexión en la evolución del huachicol se dio a partir de 2006, con la entrada masiva de los cárteles del narcotráfico. Ante el auge económico y la necesidad de lavar sus activos ilícitos, las organizaciones criminales encontraron en el huachicol una vía extraordinariamente eficiente y lucrativa. No solo les permitía blanquear dinero, sino también generar nuevas fuentes de ingreso a través de redes de gasolineras, donde vendían combustible robado o contrabandeado. Esta alianza entre el crimen organizado, empresarios corruptos, transportistas y funcionarios de los sectores energético, aduanero y fiscal, transformó el huachicol en una industria tan grande y rentable como el propio narcotráfico, pero que, sorprendentemente, pasaba desapercibida para muchos.
Tal ha sido su arraigo y su peculiar desarrollo, que incluso ha surgido un culto popular alrededor de esta actividad. El 'Santo Niño Huachicol', una figura que representa al Divino Niño Jesús pero que en lugar de atributos religiosos carga un bidón y una manguera, se ha convertido en un símbolo de la veneración y la subcultura que rodea a este delito en algunas comunidades.
El "Huachicol Fiscal": La Sofisticación del Engaño
La historia del petróleo en México es intrínseca a su identidad nacional. La nacionalización de la industria en 1938 por el presidente Lázaro Cárdenas, que culminó con la creación de Pemex, convirtió al petróleo en un símbolo de soberanía y orgullo. Sin embargo, décadas de mala gestión, corrupción y un modelo de negocio insostenible llevaron a Pemex a una profunda crisis. En 2013, el gobierno de Enrique Peña Nieto implementó una reforma energética que puso fin a 76 años de monopolio estatal, abriendo la puerta a la inversión privada y extranjera en el sector.

Esta reforma, aunque buscaba modernizar la industria, tuvo una consecuencia inesperada y perversa: expuso la magnitud real del huachicol y dio origen a una nueva modalidad, el "huachicol fiscal". Antes de 2013, con Pemex como el único actor, no existían mecanismos adecuados para medir las pérdidas por robo. Con la apertura del mercado y las nuevas regulaciones, se hizo evidente la escala del problema.
Para evitar el robo directo de los ductos, las nuevas empresas y Pemex optaron por transportar el petróleo y sus derivados por carreteras y mares. Sin embargo, el marco fiscal mexicano imponía un alto impuesto de importación a la gasolina terminada, con el fin de proteger la industria local. En contraste, los derivados necesarios para refinar el combustible no tenían el mismo gravamen. Fue en esta brecha fiscal donde el huachicol fiscal encontró su terreno fértil.
Este delito no implica el robo físico de combustible, sino una estafa a los servicios de aduanas e impuestos. Las organizaciones criminales importan combustible falso o adulterado, declarándolo como un derivado de menor costo o evadiendo los impuestos correspondientes. Esto les permite vender el combustible a precios más bajos en el mercado negro, evadiendo miles de millones de dólares en impuestos y compitiendo deslealmente con las empresas legítimas. En algunos estados fronterizos del norte, se ha llegado a estimar que hasta la mitad del combustible consumido anualmente es de origen contrabandeado. El Observatorio Ciudadano de Energía (OCE) calcula que un tercio de los casi 30,000 millones de dólares que México ha perdido a causa de esta industria ilegal se atribuye directamente al huachicol fiscal.
Comparativa: Huachicol Tradicional vs. Huachicol Fiscal
| Característica | Huachicol Tradicional | Huachicol Fiscal |
|---|---|---|
| Origen Principal | Robo directo de ductos, vehículos y tomas clandestinas. | Contrabando y adulteración de combustible importado. |
| Método Principal | Perforación de ductos, ordeña, sustracción física de combustible. | Defraudación aduanera y fiscal, falsificación de documentos y productos. |
| Tipo de Delito | Robo, daño a la propiedad, asociación delictuosa, riesgo público. | Defraudación fiscal, contrabando, adulteración, lavado de dinero, corrupción. |
| Involucrados Comunes | Operadores de tomas, transportistas, comunidades locales, crimen organizado. | Empresas importadoras, aduaneros, contadores, empresarios, funcionarios, crimen organizado. |
| Impacto Económico | Pérdidas directas por combustible robado, costos de reparación de infraestructura, desabasto. | Evasión de impuestos, competencia desleal, engaño al consumidor, pérdidas para el erario público. |
Consecuencias Devastadoras: Más Allá de las Cifras
El impacto del huachicol en México va mucho más allá de las impresionantes cifras económicas. La transformación del robo de combustible en un delito fiscal ha magnificado la escala de esta industria, permitiendo que los cárteles diversifiquen sus operaciones e involucren a un número creciente de funcionarios y empresarios mexicanos, y ahora, también estadounidenses. La magnitud de las pérdidas económicas es multimillonarias, ascendiendo a decenas de miles de millones de dólares anualmente, sin contar los miles de millones destinados a la reparación de infraestructura y la compensación a los consumidores.
Pero el costo humano es quizás el más trágico. La naturaleza volátil del combustible robado y las condiciones precarias en las que se manipula han provocado explosiones devastadoras con pérdidas de vidas. Tragedias como la de San Martín Texmelucan, Puebla, en 2010, que cobró la vida de 29 personas, o la explosión del ducto en Tlahuelilpan, Hidalgo, en 2019, que dejó al menos 137 muertos, son recordatorios sombríos de los peligros inherentes a esta actividad ilícita. Estas explosiones no solo causan muertes directas, sino que también destruyen hogares, contaminan el medio ambiente y dejan comunidades enteras en luto y desolación.
Socialmente, el huachicol ha creado una compleja dinámica. En algunas regiones empobrecidas, las redes criminales han ganado cierto apoyo al ofrecer combustible a bajo costo y empleos como "halcones" o transportistas. Se cree que el suministro de combustible ilegal ha llegado a sostener a comunidades enteras en estados como Veracruz, Puebla e Hidalgo, creando una dependencia peligrosa y un desafío monumental para las autoridades que buscan erradicar el problema sin desestabilizar la vida de miles de personas.
Políticamente, el huachicol ha desatado escándalos de gran magnitud. La implicación de figuras políticas de alto nivel, como ha sido el caso en Tabasco, considerado el "edén del huachicol", ha puesto en evidencia la profunda penetración de estas redes criminales en las estructuras de poder. Las investigaciones, muchas de ellas impulsadas por la presión de Estados Unidos, han revelado triangulaciones complejas con empresas y ciudadanos estadounidenses, llevando a sanciones y arrestos de empresarios acaudalados supuestamente involucrados en estos esquemas. La designación de cárteles mexicanos como organizaciones terroristas por parte de Estados Unidos intensifica aún más la persecución de cualquier individuo o entidad relacionada con sus actividades, incluyendo el huachicol.
La Lucha Frontal: Estrategias y Desafíos
Aunque el huachicol es un delito con tres décadas de crecimiento, la lucha frontal contra él es relativamente reciente. Andrés Manuel López Obrador, durante su presidencia (2018-2024), fue el primer mandatario en lanzar una ofensiva directa. Sus estrategias incluyeron el blindaje de campos petroleros, el uso de escoltas para transportistas, la inhabilitación de decenas de miles de tomas ilegales y la recuperación de aproximadamente 8 millones de litros de combustible. A pesar de estos esfuerzos inéditos, expertos sugieren que el huachicol, lejos de disminuir, se consolidó y diversificó durante su sexenio, pues las tomas clandestinas siguieron aumentando y el negocio se volvió más complejo.

La administración actual, encabezada por Claudia Sheinbaum, ha redoblado los esfuerzos, implementando la campaña más ambiciosa hasta la fecha. En menos de un año, se han reportado cientos de detenidos, decenas de carrotanques asegurados, y una recuperación récord de más de 40 millones de litros de gasolina robada, superando con creces lo incautado en sexenios anteriores. Esta intensificación de la lucha no es ajena a la presión internacional, particularmente de Estados Unidos bajo la agenda de Donald Trump, quien ha priorizado el combate al tráfico de drogas y al crimen organizado transnacional.
La presión estadounidense ha llevado a una mayor cooperación y a revelaciones sobre la magnitud del delito, así como la especulación sobre el alcance del organigrama criminal. El Secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, ha declarado que el robo de combustible es una fuente de ingresos crucial para actividades narcoterroristas de grupos como el Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), el Cartel de Sinaloa y el Cartel del Golfo. El Cartel de Santa Rosa de Lima, por ejemplo, es una organización que se ha dedicado casi exclusivamente a este delito, mostrando la especialización que ha alcanzado el huachicol.
Sin embargo, la lucha contra el huachicol enfrenta desafíos enormes. La complicidad de autoridades es un factor crítico; el huachicol fiscal, en particular, se considera imposible de gestionar sin el aval de funcionarios en aduanas y otras dependencias. El escándalo político en Tabasco, que involucra a exfuncionarios de alto nivel con órdenes de captura, subraya la profundidad de esta corrupción. Aunque la presidenta Sheinbaum ha prometido llegar "hasta las últimas consecuencias" y no proteger a nadie, la depuración de las estructuras gubernamentales y la desarticulación de las redes criminales siguen siendo tareas hercúleas.
Preguntas Frecuentes sobre el Huachicol
¿Qué tipo de delito es el huachicol en México?
El huachicol es un delito federal en México. La extracción o posesión ilegal de hidrocarburos de ductos, vehículos o instalaciones está tipificada en la ley y es castigada con penas de hasta 20 años de prisión. Además del robo, el huachicol se asocia con una serie de otros delitos graves como el contrabando, la corrupción, el lavado de dinero, la defraudación fiscal y, en casos de explosiones, homicidio y lesiones.
¿Quiénes son los "huachicoleros"?
Los "huachicoleros" son las personas directamente involucradas en el robo y la venta ilícita de combustible o bebidas alcohólicas adulteradas. Este término abarca desde los individuos que perforan las tomas clandestinas y "ordeñan" los ductos, hasta aquellos que transportan, distribuyen y venden el producto ilegal en el mercado negro. Pueden ser parte de pequeñas bandas locales o, cada vez más, estar vinculados a grandes organizaciones de crimen organizado.
¿Cómo afecta el huachicol a la economía mexicana?
El huachicol genera pérdidas multimillonarias para la economía mexicana. Pemex sufre pérdidas directas por el combustible robado, que se estiman en miles de millones de dólares anuales. El gobierno federal también incurre en gastos significativos para reparar los ductos dañados (aproximadamente 3 mil millones de dólares al año) y compensar a los consumidores afectados. Además, el huachicol fiscal implica una enorme evasión de impuestos y una competencia desleal que afecta a las empresas legítimas y distorsiona el mercado energético nacional. En total, México ha perdido cerca de 30 mil millones de dólares a causa de esta industria ilegal.
¿Por qué es tan difícil combatir el huachicol?
La dificultad de combatir el huachicol radica en varios factores. Primero, su arraigo social en algunas comunidades, donde la actividad se ha convertido en una fuente de ingresos o incluso en una forma de subsistencia. Segundo, la sofisticación y diversificación de las redes criminales, que incluyen a poderosos cárteles de la droga. Tercero, la complicidad de autoridades y empresarios, que facilitan las operaciones ilícitas. Cuarto, la complejidad del "huachicol fiscal", que requiere de conocimientos especializados en aduanas y finanzas para su ejecución. Finalmente, la vasta extensión de la red de ductos hace que su vigilancia sea un desafío logístico formidable.
¿Qué es el "Santo Niño Huachicol"?
El "Santo Niño Huachicol" es una figura religiosa popular y no oficial que ha surgido en algunas comunidades ligadas a esta actividad ilícita. Se trata de una representación del "Divino Niño Jesús", pero con atributos que lo vinculan al huachicol, como un bidón de combustible y una manguera en lugar de los símbolos religiosos tradicionales. Esta figura refleja la peculiar subcultura y, en algunos casos, la búsqueda de protección o justificación moral por parte de quienes participan en el robo de combustible.
Si quieres conocer otros artículos parecidos a El Huachicol: Un Delito que Azota México puedes visitar la categoría Nacionalidad.
