¿Cómo transmite y naturaliza la violencia simbólica las relaciones de subordinación y discriminación contra las mujeres?

La Violencia que se Vuelve Cotidiana: ¿Cómo la Normalizamos?

23/09/2022

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En un mundo donde las noticias de violencia nos bombardean a diario, es fácil caer en una peligrosa trampa: la de acostumbrarse a ella. Lo que antes nos indignaba, hoy apenas nos sorprende. Asesinatos, desapariciones, asaltos a mano armada, fosas clandestinas… estas realidades, por devastadoras que sean, se han ido filtrando en nuestro imaginario colectivo hasta convertirse en parte del paisaje. Este fenómeno, lejos de ser inofensivo, representa un grave desafío social y cultural, conocido como la naturalización y normalización de la violencia.

¿Qué es la normalización de la violencia?
Dicho proceso refiere que en las sociedades postmodernas se responsabiliza al individuo tanto de sus éxitos como de sus fracasos. Este proceso exime al Estado o a las autoridades que deben procurar la seguridad de hacer su trabajo.

La naturalización de la violencia se refiere al proceso gradual en el que nos habituamos a las acciones agresivas, en cualquiera de sus formas. Es una aceptación tácita que permite a la violencia ganar terreno en el tejido cultural de una sociedad, propagándose de manera silenciosa, sin que se levanten voces de protesta significativas. Es cuando el horror se diluye en la cotidianidad, y lo inaceptable comienza a percibirse como una parte inherente de la existencia.

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La Normalización de la Violencia: Cuando el Horror se Vuelve Común

Más allá de la naturalización, la normalización de la violencia profundiza este proceso, llevándolo a un punto crítico. ¿Para quién en México es noticia un asesinato? ¿A quién le sorprende la existencia de una mujer desaparecida? ¿A quiénes nos indignan los asaltos a mano armada en carreteras? ¿A quiénes nos preocupa el hallazgo de fosas clandestinas con decenas de cuerpos de personas migrantes? Estas preguntas retóricas, planteadas por expertos, reflejan una cruda realidad: la mayor parte de la población se ha acostumbrado a estas noticias.

El hecho de que nuestras vidas, la economía, la política y la dinámica de nuestras ciudades y comunidades no cambien sustancialmente por ninguno de estos hechos violentos es el claro indicio de esta normalización. La violencia se integra en nuestro cotidiano, y empezamos a considerarla un hecho “común”, casi inevitable. Celebramos, por supuesto, la existencia y la labor de aquellas personas indignadas, alertas y que trabajan en su día a día para que estas situaciones violentas cesen. Sin embargo, su esfuerzo contrasta con la apatía generalizada que permite que la violencia eche raíces más profundas.

Factores Sistémicos Detrás de la Normalización

Es fundamental entender que la perpetración de la violencia no se explica únicamente por este proceso de normalización. Detrás de ella, operan poderosos factores sociales y sistémicos que la sustentan y perpetúan. Entre los más destacados se encuentran la impunidad, la desigualdad y el racismo.

¿Qué es naturalizar la violencia?
Cuando se habla de la naturalización de la violencia se hace referencia al proceso de acostumbrarse a aquellas acciones caracterizadas por la agresión, en sus diversas formas de expresión; esto permite que la violencia gane terreno en la cultura y se propague de manera silenciosa, es decir, que no solo nadie proteste, ...

La impunidad, en particular, resalta como un pilar central del problema. En México, solo un alarmante 2% de los actos criminales son sancionados penalmente. Esta cifra, más allá de ser un número, se traduce en innumerables historias de vida truncadas y en una certeza perturbadora para los agresores: la plena convicción de que sus actos violentos no tendrán consecuencias. Una persona puede asesinar a otra, cometer un asalto o infligir daño con la expectativa de salir ilesa, e incluso de obtener beneficios económicos, personales o políticos de dicha violencia. Esta impunidad se agrava exponencialmente si la persona violentada pertenece a colectivos históricamente vulnerados, como mujeres, migrantes, infancias, o la comunidad LGBTIQ+, quienes enfrentan barreras adicionales para acceder a la justicia.

La desigualdad económica y el racismo sistémico también contribuyen a la normalización de la violencia. La brecha entre ricos y pobres, y la discriminación basada en el origen étnico o la apariencia, crean condiciones de vulnerabilidad extrema para ciertos grupos, haciéndolos blancos fáciles de la agresión y limitando su acceso a mecanismos de protección y reparación.

La Individualización: Culpabilización de la Víctima

Además de los factores sistémicos, existen factores de ámbito personal o individual, profundamente enraizados en lo social, que son clave para entender esta normalización. En México, es común escuchar que si vives violencia es “por tu culpa”, o “porque no te cuidaste lo suficiente”, o “porque fuiste a un lugar peligroso”, o “porque no eran horas para estar fuera”, o que “algo tendrías que ver en el asunto”. Esta es una peligrosa tendencia a criminalizar a las víctimas o tacharlas de descuidadas, invirtiendo la responsabilidad: la culpa la tiene la víctima, no el victimario.

Este fenómeno se explica por lo que el sociólogo Zygmunt Bauman identificó como el proceso de individualización, donde las sociedades posmodernas responsabilizan al individuo tanto de sus éxitos como de sus fracasos. Un proceso que, perversamente, exime al Estado y a las autoridades encargadas de procurar la seguridad de cumplir con su trabajo. De esta manera, se nos empuja a creer que somos nosotros, en nuestros ámbitos privados y con nuestros recursos limitados, los únicos responsables de nuestra seguridad y cuidado.

Como mecanismo de defensa, y para mantener una falsa sensación de seguridad, nos aproximamos al tema de las violencias como algo lejano, fuera de nuestro cotidiano, como si a nosotros no nos fuera a pasar porque no somos “descuidados” ni “criminales”. Poner la violencia lejos de nuestro entorno, cuando claramente no lo está, es una auto-engañosa forma de sentirnos a salvo. Sin embargo, esta falsa seguridad, creada solo en nuestro imaginario, es contraproducente y contribuye al incremento de las violencias, al silenciar la reacción social necesaria.

¿Qué es la desnaturalización de la violencia de género?
Se trata, por tanto, de hacer visible la anormalidad de la situación. Esta situación se debe a que cuando la violencia aparece en una pareja, lo hace de forma insidiosa, indetectable, con unos primeros incidentes de baja intensidad, que no pueden ser detectados como violentos por \u201cnormales\u201d y por aislados.

La Desnaturalización de la Violencia de Género: Visibilizando lo Invisible

Un campo donde la naturalización y normalización adquieren una dimensión particularmente crítica es la violencia de género. Hablar de la desnaturalización de la violencia de género es el primer paso para combatir lo que a menudo se percibe como “violencia invisible”. El grado de conciencia, visibilidad y percepción de la violencia contra las mujeres es muy diverso, tanto en la sociedad en general como entre las propias mujeres maltratadas. Existe una perspectiva subjetiva que no siempre coincide con la evaluación objetiva del trato que reciben en sus relaciones de pareja.

Estudios y encuestas señalan que un alto porcentaje de mujeres maltratadas no tienen conciencia de ese maltrato, llegando a pensar que cierto grado de violencia es “normal” por parte de la pareja. El primer objetivo, por tanto, es romper este círculo vicioso de pretendida normalidad. Se trata de mujeres que viven en condiciones de desprecio, humillación, abuso, control, o que son agredidas física o sexualmente, y que viven estas situaciones con la normalidad que produce la habituación. El desafío es hacer visible la anormalidad de la situación.

Esto se debe a que la violencia en una pareja suele aparecer de forma insidiosa, indetectable, con primeros incidentes de baja intensidad que, por “normales” o aislados, no son detectados como violentos. Es necesario realizar esta labor de “desvelamiento” con las propias mujeres maltratadas para ayudarlas en su recuperación, y también con los profesionales que las atienden, ya que la subjetividad del umbral de visibilización opera en todos. Como señala Herman (2004), la intervención exige entender la injusticia esencial de la experiencia traumática y devolver a la víctima una sensación de justicia, eligiendo siempre un lado claro en el conflicto entre víctima y perpetrador. Corsi (2003) advierte que un contexto terapéutico de neutralidad, secreto y privacidad solo reproduce las condiciones en las que la violencia encuentra su mejor caldo de cultivo.

La Violencia Simbólica: El Poder Oculto de la Subordinación

La violencia simbólica es otra manifestación sutil pero poderosa de la discriminación histórica contra las mujeres y las niñas, que contribuye a perpetuar las desigualdades. La declaración regional de la OEA la define como “toda comunicación o difusión de mensajes, textos, sonidos o imágenes en cualquier medio de comunicación o plataforma, cuyo objeto sea naturalizar estereotipos que afecten su dignidad, justifique o naturalice relaciones de subordinación, desigualdad o discriminación contra la mujer”.

¿Qué es naturalizar la violencia?
Cuando se habla de la naturalización de la violencia se hace referencia al proceso de acostumbrarse a aquellas acciones caracterizadas por la agresión, en sus diversas formas de expresión; esto permite que la violencia gane terreno en la cultura y se propague de manera silenciosa, es decir, que no solo nadie proteste, ...

Este tipo de violencia se manifiesta a través de la cosificación de las mujeres, la promoción de roles estereotipados de género, y otras formas que, aunque no implican agresión física, naturalizan su subordinación. Es un tipo de violencia difícilmente codificable e inasible que, como señala la antropóloga Rita Segato, es más efectiva cuanto más sutil. El sociólogo Pierre Bourdieu conceptualiza que no es posible aprehenderla a través de un simple ejercicio de conciencia, lo que la hace aún más peligrosa.

Los medios de comunicación tienen una responsabilidad crucial en este ámbito. Deben fomentar la erradicación de mensajes que injurian, difaman, humillan, subordinan y atentan contra la dignidad de las mujeres, evitando incurrir en prácticas que contribuyen a la estereotipación y estigmatización. El desafío es enorme: fomentar nuevas narrativas en un contexto donde abundan titulares y contenidos sexistas, sensacionalistas y carentes de reflexión social. En tiempos convulsos, las autoridades y los medios deben ser ejemplo, elevando el nivel de los debates y eliminando descalificaciones estereotipadas que impiden construir una sociedad más justa.

¿Cómo Romper el Ciclo? Acciones Individuales y Colectivas

Abordar la normalización de la violencia desde el ámbito individual o personal es también una ventana de oportunidad para poder romper con ella. Muchos de los cambios sociales pasan por alzar la voz y tomar postura ante las situaciones. Actualmente, son pocos los movimientos que, desde el esfuerzo personal y comunitario, levantan la voz para frenar esta violencia. Entre ellos destacan los colectivos de madres buscadoras, el movimiento de mujeres, y más recientemente, un movimiento incipiente entre el gremio de transportistas, cuya evolución aún está por verse.

Sin embargo, la responsabilidad no recae únicamente en los grandes movimientos. Cada una de nosotros tiene un papel. Visibilizar las situaciones violentas, denunciarlas, y apoyar a los movimientos que con sus acciones cotidianas las combaten, son pasos concretos que podemos dar. Evidenciar que la violencia no es normal, que es inaceptable y que no debe ser parte de nuestro paisaje, también está en nuestras manos. Nuestro silencio contribuye a perpetuar la violencia; nuestra voz, por el contrario, tiene el poder de desnaturalizarla y empezar a construir un futuro donde la agresión no tenga cabida.

Preguntas Frecuentes sobre la Normalización de la Violencia

PreguntaRespuesta
¿Cuál es la diferencia entre naturalización y normalización de la violencia?La naturalización es el proceso de acostumbrarse a la violencia, mientras que la normalización implica que la violencia se integre en la vida cotidiana y se considere común, sin que genere una alteración significativa en la sociedad.
¿Por qué es peligrosa la normalización de la violencia?Es peligrosa porque reduce la indignación social, fomenta la impunidad, crea una falsa sensación de seguridad al distanciar la violencia de uno mismo, y perpetúa los ciclos de agresión al no haber una respuesta colectiva para detenerla.
¿Qué papel juega la impunidad en la violencia en México?La impunidad es un factor clave. Al sancionarse solo un porcentaje mínimo de crímenes, los agresores tienen la certeza de que sus actos no tendrán consecuencias, lo que fomenta la repetición de la violencia y desincentiva la denuncia.
¿Cómo se manifiesta la culpabilización de la víctima?Se manifiesta atribuyendo la responsabilidad de la violencia a la persona agredida, con frases como “fue su culpa por no cuidarse” o “estaba en el lugar equivocado”. Esto exime al victimario y al Estado de su responsabilidad.
¿Qué es la violencia de género invisible?Es aquella violencia que no es percibida como tal por la sociedad o incluso por las propias víctimas, debido a la naturalización de ciertos comportamientos de control, desprecio o humillación que se aceptan como “normales” en una relación.
¿Cómo afecta la violencia simbólica a las mujeres?La violencia simbólica, a través de mensajes y estereotipos, naturaliza la subordinación y discriminación de las mujeres, afectando su dignidad y perpetuando desigualdades que las excluyen del espacio público y limitan su desarrollo.
¿Qué puedo hacer para combatir la normalización de la violencia?Puedes visibilizar las situaciones violentas, denunciarlas, apoyar a movimientos sociales que las combaten, y no caer en la culpabilización de las víctimas. Alzar la voz y tomar postura es fundamental para desnaturalizar la violencia.

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